La destrucción de la Casa Carriego (fuente M2, Página 12)
Borges
tenía un sentido del humor socarrón y criollo, moderado en tono por su
crianza inglesa pero capaz de señalar la ironía de que Argentina
encontrara paquete ser vasco o irlandés. También sonreía cuando se le
hablaba bien de Palermo, su barrio de la infancia, y señalaba que en sus
tiempos le decían La Antártida, porque era el fin del mundo, y era
paraíso de cuchilleros, de reos y peleas míticas. Era irónico pero no
despectivo, porque en Palermo aprendió a ser porteño y porque en Palermo
vivía Evaristo Carriego. El viejo poeta contaba afectuoso que Carriego
le daba bola aunque él era un pibe, y lo tuvo de hecho como el primer
bardo que conoció. Borges se desesperaría si viera lo que el gobierno
porteño le está haciendo ahora a la casa chorizo, de frente
italianizante y severo, donde habitaba Carriego en la calle Honduras.
Pese al declamado respeto al patrimonio edificado, pese a las citas a
manuales de procedimiento, el macrismo está triturando la casa como si
fuera una más y el nuevo dueño necesitara entrepisos. El Ministerio de
Cultura que viene supliendo el especialista en turismo Hernán Lombardi
desde fines de 2007 acaba de arrancar la “demolición parcial, renovación
y ampliación” de la “Casa de la Poesía”. Habrá más metros, más hormigón
y ámbitos desaparecidos en la obra. La movida significa también ignorar
los pedidos del Consejo Consultivo de la Comuna 14 y pasarse por las
partes la ley que protege edificios anteriores a 1941. Como los vecinos
nunca pidieron la obra –de hecho se opusieron de viva voz– y los
trabajos no son parte de ningún plan cultural discernible, la conclusión
es la de siempre: otro contrato inútil para ayudar a las empresas
amigas, al sector mimado del macrismo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario